Introducción a las MPN (I)
Especialmente dirigido a pacientes de reciente diagnóstico.

Introducción a las MPN (I)

Las neoplasias mieloproliferativas (MPN) son un grupo de cánceres sanguíneos crónicos estrechamente relacionados con la leucemia, el linfoma y el mieloma. Cada tipo de MPN implica la sobreproducción de uno o más tipos de células madre sanguíneas (glóbulos rojos, glóbulos blancos o plaquetas) en la médula ósea.

El exceso de células sanguíneas anormales puede provocar síntomas comunes que incluyen fatiga, dolores de cabeza, visión borrosa y sudores nocturnos. Los tres tipos principales de MPN son policitemia vera (PV), trombocitemia esencial (TE)  mielofibrosis primaria o secundaria. Se llama mielofibrosis secundaria a la proveniente de una TE o PV. En la mayoría de los casos, no existe cura para las MPN. Las MPN crecen lentamente y la mayoría de las personas pueden vivir una vida casi normal con tratamiento. Las opciones de tratamiento para las MPN incluyen quimioterapia, medicamentos dirigidos como inhibidores de la quinasa y tratamientos de apoyo para controlar los síntomas relacionados con la sobreproducción de glóbulos.

¿Cómo de comunes son las MPN?

Las MPN se consideran enfermedades raras, ya que cada tipo afecta a menos de 200.000 personas (datos de EE.UU.) Los investigadores han estimado que la prevalencia de las tres MPN “clásicas” (según los datos de atención médica de los EE. UU del 2010) es aproximadamente la siguiente:
  • 148.314 personas con PV
  • 134.535 personas con TE
  • 12.812 personas con mielofibrosis
A día de hoy (10 años después, se estima que la proporción en personas afectadas sea de entre un 50-60% mayor.
Según el Instituto Nacional del Cáncer, en 2017 eran 58.097 los estadounidenses que vivían con leucemia mieloide crónica (LMC, también llamada leucemia mielógena crónica).
En España y según registros de GEMFIN (Grupo Español de Enfermedades Mieloproliferativas Crónicas Filadelfia Negativas) de 2019, había 5217 personas afectadas con estas enfermedades:
  • 2.098 personas con PV.
  • 1.803 personas con TE
  • 1.316 personas con MF
Es probable que el número de las personas sin diagnóstico/pronóstico sea mayor, por la incidencia en porcentajes.
Otros tipos de MPN son aún más raros.

¿Qué causa las MPN?

Como otros cánceres, las neoplasias mieloproliferativas (NMP-MPN) son causadas por mutaciones genéticas que permiten que algunas células se dividan y crezcan de forma desorganizada. Hay dos tipos principales de mutaciones, heredadas y adquiridas. La mayoría de los cánceres son causados ​​por mutaciones adquiridas, que ocurren a lo largo de la vida de una persona debido al envejecimiento y la exposición a carcinógenos como la radiación, el tabaquismo y ciertos químicos y virus.
Las mutaciones genéticas que promueven el crecimiento descontrolado hacen que las células se dividan a un ritmo más rápido sin regulación ni orden, volviéndose cada vez más mutadas. Cuando estas células desordenadas comienzan a invadir los tejidos cercanos o se desprenden y migran a otros lugares, se vuelven cancerosas.
Las mutaciones genéticas específicas asociadas con mayor frecuencia con las tres MPN más comunes incluyen los marcadores genéticos JAK2, CALR, MPL y CSF3R.La LMC a menudo se asocia con el cromosoma Filadelfia (Ph +), que porta un gen llamado BCR-ABL.
La edad es un factor de riesgo importante para desarrollar MPN. A la mayoría de las personas se les diagnostica durante o después de su sexta década de vida. No obstante, hay posibilidad de que el diagnóstico llegue a cualquier edad, incluso a una temprana. Otros factores de riesgo para desarrollar MPN pueden incluir la exposición a la radiación y sustancias químicas cancerígenas, incluido el benceno. En casos raros, más de una persona en una familia puede desarrollar MPN. No obstante,las MPN no se consideran enfermedades hereditarias, aunque puede haber una cierta predisposición en un porcentaje pequeño.

Síntomas comunes de las MPN

Muchas personas no experimentan ningún síntoma de MPN en el momento del diagnóstico. Algunos de los síntomas más comunes en todos los tipos de MPN incluyen fatiga, prurito, sudores nocturnos, dolores de cabeza, mareos y visión borrosa. Algunos síntomas, como sangrado anormal, coágulos de sangre, agrandamiento del bazo y dolor de huesos y articulaciones, son más comunes en ciertos  tipos de MPN que en otros.
Algunos síntomas, como pérdida de cabello, náuseas, diarrea, vómitos, llagas en la boca y neuropatía (hormigueo o entumecimiento en las extremidades) tienen más probabilidades de ser efectos secundarios del tratamiento para las MPN. Su médico puede ayudarlo a comprender de dónde provienen los síntomas. y cuál es la mejor forma de gestionarlos.

Tipos de MPN

En todas las MPN, el crecimiento anormal de células madre sanguíneas da como resultado un exceso de células disfuncionales. Las MPN se clasifican según el tipo de glóbulo que se produce en exceso, ya sean glóbulos rojos, glóbulos blancos llamados neutrófilos, plaquetas o múltiples tipos de células. Los tipos de MPN se caracterizan además por qué mutaciones genéticas están presentes en las células cancerosas. Los MPN y otros cánceres de la sangre como la leucemia y el linfoma están estrechamente relacionados y un tipo puede transformarse en otro tipo.

¿Cómo se diagnostican las MPN?

Pueden pasar muchos años antes de que las MPN comiencen a causar síntomas y muchas personas tienen síntomas durante mucho tiempo antes de acudir al médico para obtener un diagnóstico. Por estas razones, las MPN a menudo se descubren cuando los análisis de sangre solicitados por otro problema de salud o chequeo arrojan resultados anormales.
Una vez que se sospecha una MPN, los médicos generalmente tomarán el historial médico para evaluar los síntomas y cualquier factor de riesgo que pueda hacer que una MPN sea más probable. Un examen físico puede detectar signos como agrandamiento del bazo (esplenomegalia). Se toman muestras de sangre para realizar pruebas que incluyen:
  • Analítica completa con diferencial para evaluar el número y la proporción de cada tipo de glóbulos y otros componentes sanguíneos.
  • Frotis de sangre para evaluar si las células sanguíneas parecen maduras y normales.
  • Pruebas como un panel metabólico completo y pruebas de función hepática para ver si los órganos funcionan normalmente.

La biopsia de médula ósea y la aspiración de médula ósea son procedimientos similares que obtienen muestras de médula ósea líquida y sólida utilizando una aguja. La médula ósea se usa para pruebas genéticas para determinar qué mutaciones genéticas están presentes en las células cancerosas. Los resultados de estas pruebas a menudo son necesarios para confirmar el diagnóstico de una MPN. Antes de diagnosticar una MPN, el médico también descartará otras MPN o afecciones no relacionadas que podrían causar síntomas y resultados de pruebas similares.

Opciones de tratamiento para las MPN

En los casos de MPN en los que las personas no experimentan ningún síntoma y su riesgo de desarrollar complicaciones peligrosas se considera bajo, los médicos pueden recomendar un enfoque de observar y esperar en lugar de comenzar el tratamiento de inmediato. Si su riesgo aumenta o se desarrollan síntomas, su médico puede recomendar comenzar el tratamiento.
Los hematólogos oncólogos especialistas en MPN, son médicos que se especializan en enfermedades de la sangre y cáncer, recomiendan tratamientos según el tipo de MPN que tenga, los tratamientos que ya haya probado, su condición personal y factores de riesgo.
Los tratamientos para las MPN pueden incluir quimioterapia oral e inmunoterapia, como inhibidores de la quinasa (JAK), inhibidores de la tirosina quinasa (TKI) e interferones. Algunas personas con MPN (Mielofibrosis) pueden ser candidatas a trasplantes hematopoyéticos de células madre (también conocidos como trasplantes de médula ósea), que potencialmente pueden curar la MPN.
Los tratamientos de apoyo que pueden ayudar a controlar los síntomas de la MPN incluyen medicamentos para reducir el exceso de células sanguíneas; medicación, esplenectomía o radiación para reducir el agrandamiento del bazo; y flebotomía o aféresis para eliminar el exceso de células sanguíneas. Se pueden administrar otros medicamentos, como aspirina o anticoagulantes, para reducir el riesgo de complicaciones peligrosas como coágulos de sangre.
Los tipos especialmente raros de MPN, como la leucemia neutrofílica crónica (LNC), la leucemia eosinofílica crónica (LEC) y la neoplasia mieloproliferativa no clasificable, carecen de regímenes de tratamiento estándar y no se las suele clasificar en el grupo de las tres MPN más conocidas, debido a que son incluso más raras que las tres MPN (PV, TE, MF).

Complicaciones, comorbilidades y afecciones relacionadas

Es probable que las personas con MPN tengan comorbilidades: otras afecciones de salud además de MPN. Cuando los problemas de salud adicionales hacen que las MPN sean más difíciles de tratar, se consideran complicaciones. Se cree que las comorbilidades contribuyen significativamente a la carga de enfermedad en las MPN, especialmente la fatiga. Tener condiciones de salud adicionales también aumenta el posible riesgo de muerte en personas con MPN. Las personas diagnosticadas con MPN tienen un mayor riesgo que la población general de desarrollar:
  • Infecciones causadas por bacterias, virus y hongos (principalmente en la MF)
  • Coágulos de sangre que pueden provocar eventos cardiovasculares, como accidente cerebrovascular o infarto de miocardio (ataque cardíaco).
  • Anemia
  • Enfermedad de von Willebrand adquirida, un trastorno hemorrágico
  • Ciertos trastornos autoinmunitarios, incluida la enfermedad de Crohn, el lupus y la psoriasis.
  • Cánceres secundarios, como leucemia mieloide aguda (LMA) o algunos tipos de cáncer de piel.
Hay medidas que puede tomar para reducir su riesgo de problemas cardiovasculares. La mayoría de las comorbilidades se pueden tratar con cambios en el estilo de vida o medicamentos. El tratamiento de las comorbilidades puede mejorar su calidad de vida y ayudar a reducir otros riesgos.

¿Cuál es el pronóstico de las MPN?

En la mayoría de los casos, las MPN no son curables. Las personas con MPN pueden tener una esperanza de vida más corta que otras personas de su edad que no tienen MPN. Pero con tratamiento, la mayoría de las personas con MPN pueden vivir muchos años y pueden tener una esperanza de vida casi normal. Las personas con mielofibrosis tienen más probabilidades de tener una esperanza de vida más corta que las personas con trombocitemia esencial o policitemia vera. Hay un porcentaje de 10 a 15 % de personas con TE y PV que progresarán a mielofibrosis,también existe el riesgo de personas con MF (15-20%) que progresen a Leucemia Aguda.
Su médico puede ayudarlo a comprender sus factores de riesgo personales que contribuyen a su pronóstico. Estos pueden incluir el tipo de MPN que tiene, su edad y condición general, cualquier problema de salud adicional y cómo trata su MPN.

Una breve historia de las MPN

En la década de 1840 en Francia, Alemania y Escocia, hubo descripciones tempranas de personas con recuentos altos de glóbulos blancos y agrandamiento del bazo; lo más probable es que estos describieran leucemia mieloide crónica (LMC). Durante este período, el “arsénico” se recetó típicamente como tratamiento para la LMC. Las flebotomías (sangrías) han sido un pilar del tratamiento de la policitemia vera (PV) durante más de 100 años, aunque ahora a menudo se combina con medicamentos.
Las MPN fueron categorizadas por primera vez en 1951 por el Dr. William Dameshek, fundador de la revista académica y de investigación Blood, miembro de la Sociedad Estadounidense de Hematología y fundador de la Sociedad Internacional de Hematología.
En 1960, los científicos descubrieron la asociación entre el cromosoma Filadelfia y la Leucemia Mieloide Crónica.En 2005, los científicos encontraron más mutaciones genéticas asociadas con MPN, comenzando con una mutación de la kinasa Jak, seguida por mutaciones en el oncogén del virus de la leucemia mieloproliferativa (MPL) y la calreticulina (CALR).
A principios del siglo XX, la LMC se trataba principalmente con radioterapia y luego con quimioterapia tradicional o interferones. En la década de 1980, los trasplantes alogénicos de células madre (que utilizan células de donantes) se convirtieron en un foco de tratamiento en personas que cumplían con los criterios de elegibilidad. Desde que los medicamentos de la clase de los inhibidores de la tirosina quinasa (TKI) estuvieron disponibles en 1998, estos medicamentos se han convertido en la terapia de primera línea para la CML y algunas otras MPN.
Antes de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reclasificara este grupo de cánceres de la sangre en 2008, se los conocía como trastornos o síndromes mieloproliferativos. La clasificación de los tipos de MPN fue revisada más recientemente por la OMS en 2016. Los criterios para diagnosticar tipos de MPN incluyen ahora los tipos de mutaciones genéticas específicas implicadas. Desde 2009, cuando se desarrollaron por primera vez los sistemas de puntuación para tener en cuenta los factores de riesgo, los médicos manejan mejores herramientas para predecir el pronóstico de las MPN.
En la actualidad, la investigación se centra en identificar marcadores genéticos en las células cancerosas que mejorarán la capacidad de predecir el pronóstico. También se pone el foco en nuevos tratamientos que serán más efectivos para prolongar la supervivencia o quizás incluso ofrecer una cura para las MPN.